Personalidades

Hermano José Garibaldi Homenaje

 

garibaldi2El día 2 de junio pasado, se conmemoraron los ciento veinticinco años del fallecimiento de José Garibaldi, por lo que más allá de los homenajes que le habrá de tributar este año la Gran Logia de la Masonería del Uruguay, con motivo de celebrarse el día 4 de julio de 2007 el bicentenario del nacimiento de este ilustre masón, considero de estricta justicia y un deber masónico que la Resp. Logia “José de San Martin” recuerde la figura de este destacado Héroe de dos Mundos, que tanta importancia tuvo en nuestra historia nacional y en uno de los postulados fundamentales de nuestra Orden, como es la libertad de pensamiento

 

 

José Garibaldi nació el 4 de julio de 1807 en Niza, habiendo pasado al Oriente Eterno en la Isla de Caprera el 2 de junio de 1882, después de haber dedicado toda su vida a la causa de la Libertad, luchando contra la tiranía tanto en Europa como en América. Garibaldi nació en una familia de genoveses, siendo su padre Angelo Doménico Garibaldi, capitán de alta mar.

Desde muy niño, Garibaldi tuvo una actitud heroica, cuando con ocho años de edad salvó, con peligro de su vida, a una lavandera que había caído en un pozo; a los trece años de edad, ayudó a un grupo de hombres que en una frágil embarcación luchaban contra las olas del mar. Por ello, se ha dicho con razón que Garibaldi a lo largo de su vida, se preocupó más por sus semejantes que por sí mismo. Ya en su madurez, Garibaldi escribió: “Cada vez que se ha tratado de salvar la vida de otro, jamás he titubeado en arriesgar la mía.” Educado en la escuela del mar, Garibaldi será marinero.

A los 15 años de edad, Garibaldi se embarcó a bordo del vapor “Costanza”, que hacía la travesía del Mar Negro hasta Odessa, de cuya tripulación formó parte bajo el comando de Angelo Pasante.

El año 1833 fue clave en la vida del nizardo, cuando de regreso de un viaje al Medio Oriente, conoció en Marsella a Giusseppe Mazzini, fundador de la “Giovane Italia”, que defendía los ideales republicanos y de la unidad italiana. Comenzó a desarrollar sus tareas de conspirador para llevar la revolución a los Estados Sardos, cuando se vio obligado a exiliarse en 1834, porque el tribunal militar del rey Carlos Alberto de Savoia lo había condenado a muerte, calificado de “enemigo de la patria y bandido número uno”.

Desde marzo de 1834 hasta julio de 1848, José Garibaldi permaneció en América, durante los cuales su fuerte personalidad y su bravura llenó la historia de Brasil, del Uruguay y de la Argentina. Fue tan importante la epopeya de Garibaldi en América como lo fue en Europa. En 1836 llegó al Brasil, desembarcando en Río de Janeiro, donde lo esperaban otros italianos prófugos del Risorgimento italiano. Fue en Brasil que Garibaldi ingresó a la Logia Masónica “Asilo della virtú”. Cuando estalló la revolución republicana en el Brasil, Garibaldi luchó junto al general Benito Goncalvez da Silva.

En octubre de 1839, aquel hombre rubio y de ojos celestes que era Garibaldi, conoció a Anita en el puerto de Laguna de Santa Catalina y el 22 del mismo mes se fue con la joven, fuerte y graciosa brasileña. Entre 1836 y 1841, peleó en el Brasil por los ideales republicanos.

Garibaldi llegó al Uruguay en el mes de mayo de 1841, donde toma las armas contra la tiranía del argentino Juan Manuel de Rosas, habiendo organizado la Legión Italiana, formada por voluntarios, que tuvo activa participación en la Defensa de Montevideo, durante la Guerra Grande.

Vivió pobre en la entonces sitiada Montevideo, con su Anita y sus hijos Menotti, Rosita que falleció tempranamente, Teresita y Riccioti, en una pequeña casa de la calle Portón, hoy calle 25 de Mayo Nº 314. Fue en Montevideo que José Garibaldi se casó con doña Anita Ribeiro da Silva, el 26 de marzo de 1842, en la Iglesia de San Francisco, que como se recuerda el matrimonio religioso era el único existente en nuestro país en esa época. Posteriormente, en agosto de 1844, se afilió a la Respetable Logia “Les Amies de la Patrie”, habiendo desarrollado en la Masonería uruguaya una entusiasta y provechosa labor.

Batallas, escaramuzas, derrotas, todo hacía de Garibaldi un héroe, de todo salía incólume, usando la fuerza y el valor, pero también la astucia cuando la situación lo requería, como la famosa huída, después de la batalla de San Antonio, por entre las filas del enemigo dormido, de puntillas y a favor de la oscuridad.

La gloria de Garibaldi y de sus Camisas Rojas, como se les conocía a sus legionarios, jamás se manchó con el materialismo, habiendo combatido siempre por un ideal y no por dinero o fortuna. Prueba de ello es cuando el General Fructuoso Rivera, ex Presidente de la República, en el año 1845 quiso premiar con una importante donación a la ilustre y valerosa Legión Italiana, fue expresamente rechazada por Garibaldi en una memorable carta de fecha 23 de marzo de 1845.

Finalmente, el 15 de abril de 1848, Garibaldi partió de estas tierras a su Italia natal, a bordo del bergantín “Esperanza”, acompañado por un grupo de 63 de sus más fieles legionarios. En 1860 la Gran Logia de Palermo, le confirió el título de Gran Maestre del Gran Oriente de Italia, habiendo expresado Garibaldi: “Yo pienso que la unidad masónica es un gran beneficio para Italia… La Masonería es la base fundamental de todas las asociaciones liberales.”

Fue precisamente en 1860, que este aventurero y romántico héroe se lanzó a la conquista del Reino de las Dos Sicilias, que en ese entonces estaba bajo el mando del Rey Francisco II de Borbón, con su célebre regimiento de mil “camisas rojas”. En apenas tres meses, Garibaldi liberó a Sicilia y marchó para liberar a Nápoles, donde el pueblo se había levantado, lo que concretó en el mes de noviembre, consolidando el proceso de la unidad italiana.

Se ha afirmado que de estas tierras, Garibaldi llevó el poncho y el mate, así como las costumbres sencillas de la vida ruda que le hacen edificar su casa en la Isla de Caprera, con la disposición y formas típicas de estas regiones. El poncho será para siempre el indumento característico de su estampa y el mate le servirá para aplacar la sed o para engañar al tiempo.


El viernes 2 de junio de 1882, a las seis y cuarto de la mañana, falleció Garibaldi en Caprera, pasando al Oriente Eterno el héroe de ambos mundos, aquel visionario y valiente masón, que supo conquistar el alma y el corazón de Europa y de América, de Italia y del Uruguay.

Debemos profundizar mucho más en lo que fue el pensamiento y la acción de este formidable guerrero, el “León de Caprera”, que sin ninguna duda nos dejó un legado profundamente humanista, liberal y fraterno.

Autor: R. C. F. - Logia “José de San Martín”