Libre expresión

Día de la Libertad de Expresión del Pensamiento 2011

200x300 libertad pensamiento arbilla 2011Como todos los años, el pasado 20 de setiembre se celebró el DÍA DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN DEL PENSAMIENTO. En dicho acto, realizado en la Sala Rodó del Ateneo de Montevideo, se distinguió al reconocido periodista, Danilo Arbilla, ex presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y ex director del semanario Búsqueda, por su trayectoria y contribución a la libertad de expresión.

 

 

 

MENSAJE DEL VENERABLE GRAN MAESTRO DANIEL RILO EN OCASIÓN DE LA CELEBRACIÓN DEL DÍA DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN DEL PENSAMIENTO

 

20 de setiembre de 2011

 

Sr. Presidente del Ateneo de Montevideo

Cnel. ® Leonardo García

Sr. Danilo Arbilla

Autoridades nacionales

Invitados especiales

Sras. y Sres.

 

Hoy, la Humanidad se encuentra ante escenarios dinámicos y cambiantes, escenarios que nos abruman, nos sobrepasan y que nos hacen replantear mucho de lo que hemos aprendido e internalizado a través de la educación que hemos recibido y de la cultura de la que formamos parte.

 

Vivimos una época de cambios que interpelan la ética y la moral en la que hemos sido formados y que nos lleva a reformular los valores sobre los que se asienta la sociedad en que crecimos.

 

Vivimos en una época que nos plantea el desafío de procurar percibir y entender los cambios que se están procesando -sin tener la perspectiva necesaria para hacerlo- al tiempo que demanda soluciones a los nuevos desafíos y problemas.

 

La globalización ha hecho que en pocos años hayamos pasado del mundo analógico al digital y del digital al de la comunicación y el conocimiento, con lo que los paradigmas han cambiado y el futuro se presenta con un grado de incertidumbre casi sin precedentes.

 

Sin embargo, en ese marco en que todo parece estar en discusión, hay un conjunto de principios y de valores que entendemos conservan plena vigencia, tales como el respeto por el otro, como la honestidad, como la solidaridad.

Y fundamento de esos principios y valores es la libertad, que no es solo poder decir y hacer aquello que la ley natural o civil no limita ni prohíbe, ni aquella que nos es reconocida o dada por los demás, sino la facultad de todo ser humano de rechazar el vicio y practicar la virtud.

 

Los límites de esa libertad serán los de la jaula que cada uno se construya, no los que otros nos impongan, porque la libertad es un atributo que cada ser humano puede desarrollar según sus capacidades y posibilidades, pero fundamentalmente según la voluntad que ponga para ello.

 

Es así que la libertad de pensar y de expresar lo que pensamos se erige no solo en un derecho inherente y legítimo del Hombre, sino en el motor de su existencia, en el disparador de su desarrollo vital, en la razón de ser del ser humano.

 

En nuestro país, el 20 de setiembre de cada año ha sido declarado por la Ley 17.778 del 11 de mayo 2004, como el Día de la Libre Expresión de Pensamiento, acontecimiento que hoy celebramos a través de este acto público, como demostración de nuestro compromiso con lo que él significa para nuestra Institución pero fundamentalmente para la sociedad.

 

Nosotros, los Masones, fuimos siempre defensores de la Libertad, constituyendo con la Igualdad y la Fraternidad el emblema que nos caracteriza y que nos permite ser una organización donde se respetan todas las opiniones, religiones y culturas que se basen en la tolerancia.

 

Por eso, en mayo del presente año, la Gran Logia de la Masonería del Uruguay propuso y logró que la Conferencia Mundial de Grandes Logias Regulares adoptara al 20 de setiembre como el Día Universal de la Libertad de Pensamiento. El próximo paso será que las Naciones Unidas también lo reconozcan y en eso estamos trabajando con muy buenas perspectivas.

 

La Masonería moderna fue una reacción sana de liberación contra las verdades oficiales y el despotismo y hoy, pensamos, puede y debe ser el instrumento que nos permita superar la desorientación, el descreimiento y también el conformismo, para construir nuevos paradigmas que nos permitan mirar el futuro con optimismo.

 

Desde siempre la libertad ha sido la forma y el método para alcanzar y elaborar el conocimiento y la Masonería tiene por objetivo generar las condiciones necesarias para que todos los seres humanos, integren o no nuestra institución, tengan la oportunidad de ejercer el derecho innato a desarrollar su libertad, base y motor de las potencialidades intelectuales, morales y de carácter que los carateriza.

 

Por eso, como en años anteriores, la Gran Logia convocó a un certamen de ensayos, esta vez sobre Leandro Gómez y su aporte a la libertad en tanto ciudadano, militar y masón, cuyo ganador habrá de ser anunciado durante esta ceremonia.

 

Pero además y principalmente, hemos querido reconocer la trayectoria y el compromiso demostrado en este tema por el distinguido periodista Danilo Arbilla, a quien estamos confiriendo el premio a la Libertad de Expresión del Pensamiento, actividades ambas que buscan trasmitir las ideas y los valores sobre los que la masonería uruguaya entiende debe asentarse la sociedad de hoy

 

Tengamos siempre presente que la libertad es algo que se conquista y construye todos los días, a partir de grandes actos pero también de los pequeños, en una aventura en la que todos somos protagonistas.

 

Muchas gracias por vuestra presencia.

 

 

 

Celebración del Día de la Libertad de Expresión del Pensamiento

Palabras del señor Danilo Arbilla

 

Primero que nada agradezco muy sinceramente este homenaje que la GRAN LOGIA DE LA MASONERIA DEL URUGUAY hoy me dispensa.

 

Me siento muy honrado por este reconocimiento que se hace a mi persona y mi trayectoria como periodista por parte de una institución que guarda muchos de los valores que han forjado el espíritu liberal de nuestra patria y de occidente, y a la que siempre he mirado, desde afuera, con sumo respeto y con cuyos principios básicos coincido y a los que en el área de mi actuación profesional y personal he defendido con el mismo ahínco con que lo hace vuestra organización.

 

Además de mis palabras de agradecimiento, se espera que en esta ocasión diga algo más, y en función de ello, y contrariando mi costumbre, he de leer algunas reflexiones sobre la libertad de expresión del pensamiento, que hoy día conmemoramos, y lo hago así para no salirme de mi propósito de hacer que el probable tedio que les pueda dispensar se trate de una experiencia lo más breve posible.

 

Es lógico que al encarar este tema no pueda eludir mi condición de periodista y en consecuencia centrarme en lo que hace a la difusión del pensamiento, de las ideas, de las opiniones de todos y cada uno y también de la información, a la que todos tenemos derecho a buscar, a trasmitir y a recibir. Es decir, a hablar más concretamente de la libertad de prensa y el derecho de la información o a algún aspecto específico relativo a estos derechos básicos de la persona humana.

 

Y créanlo que muchas veces en aras de la credibilidad me gustaría no ser periodista cuando hablo de estos temas. Sobre todo cuando se me pregunta acerca de cuáles son los límites para la libertad de prensa. Es que para dar una respuesta a esa interrogante, no tengo otra forma de buscarla que preguntándomelo a mí mismo como ciudadano:

 

¿Hasta donde estoy dispuesto a que alguien, ciudadano como yo, me diga que puedo y que no puedo leer, que puedo y que no puedo oír o ver, esto es, que puedo y que no puedo saber? Preguntarme hasta donde estoy dispuesto a admitir que alguien primero lea, oiga, vea y sepa y luego me diga si puedo o debo hacer lo mismo. Plantearme, si como ciudadano tengo el mismo derecho y la misma libertad, o si abdico y acepto limitaciones en función de una voluntad ajena.

¿Cuánto están dispuestos a admitir ustedes?

 

Como bien nos lo recuerda Francisco Bilbao: El que delega su pensamiento o facultad de pensar, abdica la soberanía de su razón y se convierte en instrumento del delegado. El que delega su juicio o facultad de juzgar, en lo relativo a sí mismo, abdica su conciencia. El que delega su voluntad se convierte en máquina o esclavo. La soberanía es la libertad del pensamiento, de la conciencia y de la voluntad”.

 

Y abundaría yo diciendo que es el derecho a expresarlo, a difundirlo, hacerlo saber sin ningún tipo de limitaciones lo que garantiza su efectivo ejercicio, que justifica y da fe de su existencia. Parece tan simple. Pero sin embargo la lucha por la libertad de prensa es permanente y así como se dan avances también hay retrocesos.

 

Es que a veces y comprensiblemente a la gente se le plantean otras prioridades. A mis inicios en la profesión, durante una huelga por el cierre de un diario, un viejo y sabio periodista me dijo: esta huelga está perdida.

 

Le pregunté, por qué. Entonces me explico: una cosa es una huelga por un aumento de salarios. El trabajador llega a su casa y ante la legítima ansiedad de su esposa, la calma y hasta la ilusiona con todo lo que van a poder hacer con el aumento y beneficios que van a conseguir a través de las medidas sindicales. Ahora si después de 10 o 15 días de huelga llega a la casa y le dice a la esposa que los “días perdidos” son en defensa de la libertad de prensa, es de cajón que le respondan, que está bien pero “a los muchachos que les damos de comer, libertad de prensa”.

 

Recuerdo que me entró una desazón y le dije, entonces en esto la lucha está perdida de antemano.

 

Ocurre es que hay que buscar otras vías, me advirtió, porque no hay que ignorar las necesidades de la gente y sus tiempos. A la larga, sentenció, a todos les importa más la libertad, y fue ahí que me hizo el caso de los dos perros que dialogaron en el medio de un puente sobre un rio limítrofe de dos países. En uno de éstos reinaba la democracia, pero la situación económica era pésima. El otro rebozaba de prosperidad pero bajo una dictadura. ¿A que venís a mi país? Pregunto el perro de la dictadura. Voy en busca de trabajo, de mejorar mi situación, te diría que estoy pasando hambre. Le respondió al tiempo que le pregunto ¿y tu porque te vienes para este lado, no dicen que las cosas están tan bien en tu país?

Es cierto, le respondió el otro, económicamente estamos muy bien, pero a mi hace tiempo que me han entrado unas ganas bárbaras de ladrar.

 

Lamentablemente ocurre que a veces las cifras económicas oscurecen las libertades en general y la libertad de prensa en particular. Y eso es lo que está pasando hoy en algunos países de nuestra América, y los buenos precios del petróleo, los minerales, la soja, los comodities que le llaman, se pagan caros muy especialmente a nivel de independencia de los poderes judiciales, de libertad de prensa y en la calidad de la información que reciben los ciudadanos. Los ejemplos son varios, notorios, pero no es el tema específico del que quiero ocuparme.

 

Quiero referirme más a una situación no tan extrema, pero no menos seria y riesgosa, que es a la permanente tendencia a legislar en materia de libertad de prensa. Al polémico tema de las leyes de prensa y aquella afirmación tan candente como escandalizadora que estuvo en el tapete no hace mucho de “que no hay mejor ley de prensa que la que no existe.”

 

Ah, señores, quienes sostenemos esto, y yo como es sabido lo sostengo desde hace mucho, si ahora se ha sumado más gente bienvenidos sean. No estamos pidiendo privilegios, impunidades ni menos patente de corso para los medios de prensa, sus dueños o sus periodistas.

 

Solo queremos que estén sometidos a los códigos como cualquier ciudadano, y llegado el caso si incurren en delitos de comunicación -y no de prensa como gusta llamárseles- los cuales puede ser cometidos de diversas maneras y a través de diversas vías, no solo por medio de la prensa, se les aplique como a cualquiera todo el peso de la ley.

 

¿Cuál es la razón para que existan leyes de prensa especiales? Si es para fijarle privilegios, no está bien. Ahora, la experiencia dice que estas son la excepción y que las leyes de prensa -casi es una regla- tiene como fin limitar, restringir, dirigir la libertad de expresión y de hecho la información que llega a la gente. También se hacen en la gran mayoría de los casos, para proteger, y mejor aun blindar, a los funcionarios del escrutinio público al que están obligados y al que se comprometen someter cuando reclaman el voto de la ciudadanía.

 

Muchos se olvidan pero deberían tener presente la definición de Norberto Bobbio en el sentido de que “la democracia seguramente se pueda definir de muchas maneras, pero no hay definición que pueda excluir de sus significados la visibilidad o transparencia del poder”.

Soy de los que creo, quizás por una caída profesional, que la libertad de expresión en todo lo que abarca es la primera de todas las libertades, porque ella es custodio de las restantes.

 

Pienso que la prueba más concluyente de que ello es así se verifica en el exacto revés de la democracia: en los sistemas dictatoriales o totalitarios la libertad de prensa es inexistente; son los gobiernos y no los actores sociales quienes deciden que informaciones u opiniones deben darse a la consideración del público y lógicamente que cosas deben ocultarse a ese conocimiento. Los dictadores, los tiranos, la primera libertad que atacan es la de prensa y el derecho de la gente a saber que está pasando y a partir de ahí roban, torturan y matan.

 

Ello es innegable y sin embargo, nunca se ha juzgado ni condenado a nadie, ni a los dictadores, ni a los tiranos, ni a ningún gobernante o ciudadano por atentar contra la libertad de prensa.

Es curioso ¿no?, Tantas veces que se piden leyes de prensa y nunca para castigar a aquellos que atentan contra la libertad de prensa y contra el derecho de la gente a saber.

Hay leyes para proteger el derecho a la vida, al honor, al trabajo, a la propiedad. Hay castigos para quienes lesionan esos derechos de otros ciudadanos. Sin embargo ¿cuándo se ha condenado o castigado a alguien por privar a un conciudadano o varios o a toda una sociedad de sus legítimos derechos a expresarse libremente o informarse sin ningún tipo de traba? Pensar que hay penas por intento de robo, amenazas, violación de domicilio o propiedad, pero para la libertad de prensa no hay penas ni para cuando es arrancada de cuajo.

 

Fíjense que para ciertos delitos de comunicación -casos contra el honor- constituye un agravante si es cometido a través de la prensa, sin embargo cuando asesinan un periodista, en el caso que atrapen el asesino, a este lo condenan por homicidio, con las tipificaciones que correspondan como tal. Para nada se toma en cuenta, a los efectos de aplicar castigos extraordinarios, el móvil del crimen que es precisamente privar a la victima de su derecho a expresarse, de su derecho a informar y simultáneamente lanzar una amenaza al resto de los periodistas para que se autocensuren y, para finalmente privar ilegítimamente a toda la sociedad de su derecho a saber de qué se trataba.

 

Más que hacer leyes para reglamentar, dicho esto entre comillas, la libertad de prensa, habría que hacer una ley para ampararla. Pero igual, mejor dejémosla así, desamparada, sin ninguna ley. Lo importante es ejercerla, de que no renunciemos a ello por ninguna razón, de ello depende su vigencia, y como decíamos y es bueno tenerlo siempre presente, también depende la vigencia de las restantes libertades.

 

En definitiva, como decía José Martí, “la libertad cuesta muy cara y es necesario, o resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio.”

 

Muchas Gracias.

 

20 de setiembre de 2011

 

Ateneo de Montevideo